11 de enero de 2011

¿CUÁL AÑO NUEVO?

"En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz"

Grabriel García Marquez.

Yo quisiera desearles un feliz año. Quisiera haber podido estar con cada uno de ustedes en el momento de las doce campanadas y abrazarlos hasta la fusión del alma. Quisiera decirles que deseo lo mejor para todos y que, aunque la lejanía me torne invisible por momentos, mi corazón es y será siempre una casa grande en donde ustedes, mis amigos y amigas, pueden alojarse cuando así lo necesiten.

Sin embargo, me siento imposiblitado para expresar palabras reconfortantes y frases alentadoras. Este comienzo de año no aviva en mí ninguna felicidad. No me colma ningún regocijo. Discúlpenme, pero cualquier saludo de "feliz año" me parece huero e insustancial. Cualquier alegría es, en estos momentos, incompleta.

Compañeros, me parece que estoy perdiendo poco a poco una de las cosas que más amo en la vida: La Universidad de Antioquia.

Su ambiente ya no es el mismo, los rostros que la habitaban han ido extinguiéndose, todo está trastocado. Me parece que el aire está enrarecido, que la desconfianza cunde, que un miedo ubícuo recorre los pasillos amenazándonos a todos.

La Universidad está vacía. La algarabía fue sustituída por los susurros. La exigencia de la TIP ha disuadido a la comunidad de visitarnos. ¡¿Para qué una biblioteca cuyos libros no están dispuestos a los ojos de todos?! ¡¿Para qué un museo vedado al pueblo?! ¡¿Para qué un campus, fresco, amplio y bien trazado que se ha convertido en territorio prohibido para la mayoría de los colombianos?!

La vigilancia privada ha llegado al extremo de impedirle el ingreso a niños que, si bien no cuentan con la TIP, van tomados de la mano de sus padres, quienes sí tienen alguna vinculación con la Universidad. En diciembre pasado fui testigo de cómo un vigilante le impedía a un colega entrar a la Universidad acompañado de su hijo de escasos 5 años, dizque porque el menor necesitaba una autorización solicitada con antelación. Otro vigilante llegó al absurdo de pedirle prueba del parentesco existente entre ambos. ¡Qué niveles de mezquindad han alcanzado! ¿Pretendían entonces que el padre exhibiera copia auténtica del registro civil de nacimiento del menor, o el exámen genético de paternidad o una foto del parto dónde apareciera el profesor en batola azul abrazando al niño y a la madre?

Mientras tanto, pudieron haber escapado al acostumbrado golpecito que el jefe de vigilancia da al morral de los estudiantes, cientos de gramos de drogas alucinógenas. Todas estas medidas de seguridad son ficticias y están encaminadas solamente a hacer manifiesto el poder de quienes las diseñaron. Las medidas de seguridad no cumplen plenamente con su cometido, lo único que se pretende con ellas es recordarnos que en la Universidad de Antioquia simplemente unos pocos mandan y otros muchos obedecen. Eso es todo: Nos están amaestrando.

No quiero ni recordar el caso de un amigo mío a cuya hermana no le permitieron entrar a acompañarlo en su graduación porque tampoco tenía la TIP. ¡Uno no puede menos que indignarse!

Hasta las palomas, los gatos y los perros han sido expulsados de nuestra Universidad. Esto si es la mayor de las perversiones. ¿Que diría Fernando Vallejo, si se enterara de semejante afrenta contra nuestros hermanos los animales?

Tampoco me detendré a hablar de los micrófonos, de las cámaras, de los espías. El correo de las brujas nos trae rumores que exacerban nuestro delirio todos los días. Yo mismo he sentido cómo el temor se ha ido adueñando de mis actos. La paranoia fijó su residencia en el Alma Máter. Nos ven, nos escuchan, nos vigilan. La privacidad, ese valor que está unido umbilicalmente a la Libertad, desaparece lentamente de la vida universitaria. Sin privacidad la Universidad jamás podrá autoproclamarse territorio libre. A la Libertad de Cátedra ya comenzaron a dolerle la cabeza, las manos y la lengua.
La sola presencia del SMAD en las porterías es ofensiva. Nos tratan como delincuentes. Las tanquetas parecen estar reservando en su interior espacio para cualquiera de nosotros. Los vigilantes, gracias a la presencia de la policía, se han envalentonado y ahora insultan, imponen su voluntad, incluso golpean a aquellos que no se sienten cómodos con las medidas de seguridad que se vienen implementando en la Universidad. Y no se sienten cómodos porque conocieron la Universidad que existía antes del 15 de septiembre. Con problemas, sí; con diferencias, sí; con presencia de traficantes de droga, sí; pero que en nada se parecía al ghetto que es hoy en día.

¿Estaré exagerando al afirmar que presenciamos la ghettización de la Universidad de Antioquia, teniendo en cuenta que el diccionario define la palabra ghetto como el lugar donde una minoría vive marginada y aislada del resto de la sociedad?

Existen medios más efectivos y menos onerosos para mitigar la presencia de narcotraficantes en nuestra Universidad. Pero las directivas decidieron tomar medidas desproporcionadas para alejar a los traficantes, aunque éstas trajeran como consecuencia alejar a la Universidad de la sociedad misma. Vaya victoria pírrica.

Además, todos sabemos que un enorme porcentaje del dinero destinado a subvencionar la educación pública se origina en el cobro de impuestos al alcohol y al tabaco, dos sustancias mucho más dañinas socialmente que la marihuana y la cocaína.

Yo creo que esto del narcotráfico no es más que un pretexto para implementar políticas represivas encaminadas a generar un adormecimiento en la capacidad crítica y rebelde del espíritu universitario. Así, después de estar anestesiados, no va a dolernos la inminente pauperización y posterior privatización de la educación pública. Nos están acostumbrando al silencio. Nos están convirtiendo en entes conformistas y descorazonados. Tan es así que muchos de nuestros compañeros creen, gracias al despliegue mediático que el gobernador Ramos Botero ha hecho sobre el particular, que los grandes responsables de la crisis que carcome a la Universidad son los vendedores informales.

(Al mencionar al gobernador de Antioquia, no pude evitar recordar un poema de Juan Manuel Roca titulado Político: "Con qué franciscana humildad nos pide que lo elijamos para el alto cargo de verdugo")

Para mí no tiene nada de peligroso que un estudiante de escasos recursos trate de solventar los gastos que le exige su carrera vendiendo chocolates y minutos a celular. No tiene nada de ilegal la compra- venta de mentas y pasteles. En cambio si tiene mucho de peligroso que año tras año se reduzca el presupuesto para la educación pública, y sí es ilegal reproducir total o parcialmente obras escritas, porque de esta manera se violan los derechos de autor. Sin embargo, la Universidad no habre un debate serio en torno al problema de la financiación y permite que muchas fotocopiadoras funcionen dentro del campus sin el más mínimo respeto por la ley. La misma ley que dicen defender reprimiendo y atormentando a la comunidad académica.

Aclaro que de ninguna manera estoy propugnando porque se cierren las fotocopiadoras -a mí particularmente me fascina violar los derechos de autor en un país donde un libro es un artículo de lujo y adquirir un disco compacto original es imposible para gran parte de la población- Lo que busco es resaltar con un caso de nuestra cotidianidad la enorme hipocresía del Poder; de ese Poder que se ha empeñado en hacernos creer que existen dos universidades: una buena y otra mala; una formal y otra informal; una legal y otra ilegal....

Y mientras tanto ¿dónde quedaron los escenarios para la discusión? ¿Existe voluntad para el diálogo, o sólo debemos presenciar cómo se ejecutan las órdenes de los satanizadores de la Universidad?

Yo espero que la tortilla se vuelva prontamente y que sea el "Tercer Estado", estamento conformado por estudiantes y profesores, el que comience a trazar el plan para retornarle a la Universidad su caracter de institución pública, autónoma, democrática y desmilitarizada.

Queda consignado de esta manera mi mayor deseo para el 2011. Sólo hasta entonces podré decir con plena tranquilidad: FELIZ AÑO.

Reciban todos un fuerte abrazo,

S. A. G. G.