10 de agosto de 2012

Adiós Profesor Eufrasio.


ADIÓS PROFESOR EUFRASIO

Profesor Eufrasio: son muchas las palabras que quisiéramos dirigirle, como retribuyendo, en gran medida, el hostigamiento de sus escritos. Pero seremos breves para evitar caer en la falacia ad hominem, la que usted tanto desprecia pero a la que tantas veces acudió.

Su administración nos deja un sinsabor. Usted desaprovechó la oportunidad que tuvo para canalizar todo su potencial académico-administrativo en el Instituto, por dedicarse a ser el rostro visible de un Rector oculto y secundar todas sus determinaciones. Estos es un verdadero despropósito en un académico de la Filosofía llamado a sostener siempre su independencia y la luz de la verdad. Usted deslegitimó su autorizado discurso al supeditar sus argumentos al querer de la administración, agotándolos y exponiéndolos a la zumba murmurosa de gran parte de la comunidad universitaria.

Sólo anhelábamos una única cosa: Democracia. Expresión misma que significa transparencia, inclusión participación, concertación entre los diferentes. Esa que no es homogenizante, monolítica ni vertical. Esa que se construye en humildad, debate puro y reconocimiento. Esa que usted nunca fue capaz de entender ni de animar. Argumentos tendrá para salir en su propia defensa, pero como bien reza el dicho popular “Las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas, se dicen solas” y esta administración suya que hoy termina fue solo palabra vencida.

Entendemos la filosofía como búsqueda de sabiduría, es decir, como acto de debilidad en busca de una fortaleza; la sabiduría que no se tiene, debe alcanzársela por los medios dispuestos. Al no tener conocimiento, tratamos de hallarle siempre en el estudio y trabajo cotidiano en el taller de las ideas. Déjenos afirmar, que si existe algo que pesará sobre los hombros del Instituto y la enfermedad ególatra y corrupta que dejó incubar en estos malogrados años, es la manera en que cedió su dignidad propia al “poder” de los intereses personales.

Como estudiantes comunes no divisamos su liderazgo dentro del Instituto, por el contrario, pensamos que usted cedió el lugar que le correspondía, nos da por pensar que al “brillante grupo de jóvenes” como alguna vez llamó usted a los partícipes del relevo generacional. Lo que se percibe de las conversaciones en los pasillos y en las cafeterías con compañeros estudiantes, egresados, y hasta de profesores, dan fe del descontento en un amplio sector de la comunidad del Instituto con respecto al rumbo que tomó el mismo bajo su administración.

Su comunicación con los estudiantes fue lacónica y desabrida, no se preocupó por abrir los canales apropiados para poder aportar, desde nuestra perspectiva, a la construcción de nuestra Unidad, limitándolos a los conductos estrictamente necesarios. Y desde luego, nos quedamos esperando la deferencia para con nosotros de citarnos y dialogar sobre lo que se desarrolló en su administración.

Claro está, profesor, que no todo es negativo, reconocemos su esfuerzo en apoyar un considerable número de publicaciones de libros, el impulso del programa en las regiones y la realización de importantes eventos académicos solo por anotar algunos de sus logros.

Como colectivo de estudiantes, le agradecemos la disposición que siempre nos mostró aunque muchas veces se haya quedado en una buena voluntad, por recibirnos en su oficina cuando lo requerimos, por el envío masivo de nuestras comunicaciones, por el dinero para algunas actividades. No obstante, le recordamos con decepción.

Adiós Profesor Eufrasio, le deseamos buena suerte en sus empresas.

Mesa de Trabajo del Instituto de Filosofía.

Agosto, 10 de 2012